El chico corría por las colinas a toda la velocidad que le permitían sus piernas. Pasó la colina, subío otra, cruzó un río, trepo una montaña y finalmente llegó. Al pie de la colina se distinguía el pueblo de Valderosa.
Bajó a todo correr y entró en la aldea. Pasó por entre las calles, rodeadas de las pobres casas, corriendo, pasó la plaza, dónde una estatua de Leonar (un antiguo caballero que salvó a esa aldea) se erguía en el medio, se coló por otras cuantas calles y llegó ahogado al pozo de la aldea. En él, una muchacha de coleta negra como el ébano que le caía a un lado le esperaba.
-¡Sloover!.-gritó ella entusiasmada al verle.Sloover estaba más que agotado, había cruzado la línea de la exastuación, sus músculos le ardían como si las llamas los estuviesen quemando y estaba al borde del desmayo, pero recuperó parte de sus fuerzas al verla a ella.
-¡Arena...!-susurró, contento. Ella corrió hacia él y le abrazó con todas las fuerzas de su menudo cuerpo. Él le correspondió al abrazo de igual manera, y se quedaron así, abrazados, rodeandose con su calor, con la luna en lo alto iluminándoles y haciendo brillar su piel. Tras un rato, se separaron.
-¡Oh, Díos Mío, Sloover, estos dos meses se me han pasado superlargos! ¡Te he echado muchisimo, muchisimo de menos!.-gritó Arena emocionada.
-¡Chsss...!.-se apresuró a acallarla Sloover tapándola la boca pero sonriendo por la alegría de su amada.-¡recuerda que a tu pueblo no le caigo bien.!-Dijo, sonriendo. Arena soltó un suspiro de resignación y pena.
-Lo sé, mi amor. Y no sabes lo que me apena. Sino podríamos casarnos ya, pero así nunca lo lograremos...-algunas lágrimas se asomaron a sus ojos y Sloover la tomó fuertemente de los hombros obligándole a mirarle.
-Arena, nos casaremos ¿entendido? No sé como, encontraremos la manera..., pero lo haremos.-Dijo sonriendola con amor y confianza. Arena sonrió y le abrazó una vez más.-Y como te dije antes de despedirme, estos dos meses de intenso trabajo en los feudos de mi señor no volverán a repetirse y podré seguir venir a verte todas las noches. Ya cuidaré yo de que las cosechas no se vuelvan a perder.
-Pero Sloover, tu aldea está tan lejos..., tienes un largo camino para venir aquí y no quiero que estés agotado de día por mi culpa.
-Solo son tres montañas, y aún así, ¡cruzaría todo lo que fuera necesario para verte, así que por eso no te preocupes!.-Arena le sonrió con verdadero amor, y Sloover no se pudo resistir más. Se acercó lentamente y la besó. Al principio lentamente, con ternura. Sus labios, separados tanto tiempo, se mostraron tímidos al principio, pero luego el ardor fue despertando de nuevo, llenándoles de calor, y se besaron apasionadamente, sin darse tiempo a respirar. Se acariciaron, se atrajeron el uno al otro..., y se dejaron llevar. Las ropas cayeron al suelo de tierra y el frío les rodeo, pero el calor de sus cuerpos no le dejó acercarse.
***
El canto de los gallos les despertó.Sloover se incorporó sobresaltado.
-¡Arena, ya es el amanecer! ¡Me tengo que ir!.-dijo, agitandola con fuerza para despertarla.
-Mmm...
-¡Arena, despierta!.-La chica abrió los ojos perezosamente y se levantó. Sloover se levantó con ella. Cojieron las prendas y se vistieron en un momento.-¡Ahora entra en tu casa, rápido, antes de que te pillen!
-Pero... ¿a ti ta dará tiempo?
-¡Sí, en mi pueblo amanece más tarde, pero me tengo que ir ya, y tú también!. Adiós, amor, nos vemos esta noche.-la besó dulcemente y se fue corriendo.-Arena le vió marcharse durante un segundo, y luego corrió ella también hacia su casa.


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